Las Enseñanzas de Buda a su Hijo

La historia de Buda es muy conocida y fue contada por muchos autores y ha sobrevivido a miles de años en la tradición tanto en oriente como en occidente. Siddhartha Gautama quien nació en Benarés hijo de Suddhodana el rey de los Sakyas y la Reina Maya, fue un príncipe quien después de experimentar los sufrimientos y la realidad que le había sido ocultada, salió de su casa en busca de respuestas que pudieran explicar el origen del sufrimiento humano.

Todo esto le sucedió a una edad ya adulta cuando tenía una esposa y un pequeño hijo llamado Rahula, a quienes tuvo que dejar junto a las comodidades de su palacio para vagar por Asia y encontrar un camino de liberación frente al sufrimiento.

La historia de su vida como la de su "iluminación", son ya muy conocidas, pero poco se conoce sobre la vida de Buda y de su hijo, a quien le dejó profundas enseñanzas y esto lo convirtió en un hombre sabio y según afirman, Rahula llegó a alcanzar la iluminación a una edad temprana. En esta oportunidad contaremos un poco sobre las enseñanzas de Buda a su hijo Rahula.

Según la leyenda budista, el príncipe Siddhartha ya había sido sacudido profundamente al darse cuenta de que no podía escapar de la enfermedad, la vejez y la muerte y empezaba a pensar en dejar su vida privilegiada para buscar la paz mental. Cuando su esposa Yasodhara dio a luz un hijo, el Príncipe llamó amargamente al niño Rahula, que significa "grillete".

Cuando Rahula tenía unos nueve años, su padre regresó a su ciudad natal de Kapilavastu. Yasodhara llevó a Rahula a ver a su padre, que ahora era el Buda y le dijo a Rahula que pidiera a su padre su herencia para que se convirtiera en Rey, cuando Suddhodana muriera. Así que el niño, siguiendo el consejo de su madre, se apegó a su padre y siguió al Buda, pidiendo incesantemente su herencia. Al cabo de un tiempo, el Buda accedió a ordenar al niño como monje. Suya sería la herencia del dharma.

En cierta ocasión el Buda conversa con su hijo:

El Buda: ¿Para qué sirve un espejo, Rahula?

Rahula: ¡Para mirarte, padre!

El Buda: Entonces tienes que mirarte, mirarte y mirarte.

¿Qué estás pensando?

¿Qué estás diciendo?

¿Qué estás haciendo?

Y gradualmente te irás elevando, hasta ser un buen ser humano.

El Buda no mostró ningún favoritismo a su hijo y Rahula siguió las mismas reglas que los demás monjes nuevos y viviendo en las mismas condiciones, que estaban muy lejos de su vida en un palacio. Se cuenta que una vez un monje mayor le quitó el sitio para dormir durante una tormenta, lo que obligó a Rahula a buscar refugio en una letrina. Le despertó la voz de su padre, preguntando: ¿Quién está ahí?

Soy yo, Rahula, respondió el niño. Ya veo, respondió el Buda, que se alejó. Aunque el Buda estaba decidido a no mostrar privilegios especiales a su hijo, había oído de algún monje que Rahula se había volcado en la lluvia y había ido a ver cómo estaba el chico. Al encontrarlo seguro, aunque incómodo, el Buda lo dejó allí.

Rahula se sorprendió, pero se alegró cuando su padre lo llamó. Llenó una vasija con agua y lavó los pies de su padre. Cuando terminó, el Buda señaló la pequeña cantidad de agua que quedaba en la vasija.

Rahula, ¿ves este poco de agua que sobra?

Sí, padre.

Eso es lo poco de monje que hay en quien no siente vergüenza por decir una mentira.

Cuando el agua sobrante fue arrojada, el Buda dijo: Rahula, ¿ves cómo se arroja este poco de agua?

Sí, padre.

Rahula, todo lo que hay de monje en quien no siente vergüenza por decir una mentira se tira así.

Rahula, ¿ves lo vacío y hueco que está esta vasija de agua?

Sí, padre.

Rahula, todo lo que hay de monje en quien no siente vergüenza por decir una mentira deliberada está vacío y hueco así.

El Buda enseñó entonces a Rahula a reflexionar cuidadosamente sobre todo lo que pensaba, decía y consideraba las consecuencias, y cómo sus acciones afectaban a los demás y a sí mismo. Castigado, Rahula aprendió a purificar su práctica. Se dice que alcanzó la iluminación cuando sólo tenía 18 años.

En cierta ocasión cuando se disponían a peregrinar el Buda se dirigió hacia Rahula de la siguiente manera:

Rahula, cualquier forma pasada, futura o presente; interna o externa; flagrante o sutil; común o sublime; lejana o cercana: cada forma debe ser vista como realmente es con correcto discernimiento como: "Esto no es mío. Esto no es mi yo. Esto no es lo que soy.

Solo sabemos un poco sobre Rahula en su vida posterior. Se dice que, gracias a sus esfuerzos, su madre, Yasodhara, acabó convirtiéndose en monja y alcanzó también la iluminación. Sus amigos le llamaban Rahula el Afortunado. Decía que tuvo doble suerte, ya que nació como hijo de Buda y también alcanzó la iluminación.

“Cesa de obrar mal;

Aprende a obrar bien;

Sé limpio de corazón;

Esta es la religión de los Budas”.