Komorebi: La Hermosa Expresión Japonesa

Una lengua no es un listado de palabras, o de etiquetas para las cosas, que encuentra su exacta correspondencia en las otras lenguas. En todas las lenguas hay palabras o frases que son intraducibles a otras lenguas. De modo tal que la porción de realidad que esa palabra o frase señala es casi invisible para los hablantes de otras lenguas.

Un ejemplo de esto es la palabra japonesa komorebi (木漏れ日) que significa “rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles”. Komorebi es un fenómeno natural; esto es, un hecho que es objeto de la percepción humana. Todos los seres humanos, excepto quizá los que viven permanentemente en lugares áridos o desérticos, han caminado a través de un bosque o arboleda y han tenido la experiencia del komorebi. Pero, hasta donde conozco, solo el pueblo japonés ha sentido la necesidad cultural de acuñar una palabra para designar este fenómeno; para resaltarlo, para concederle especial atención.

Cuando conocí esta palabra, hace unos años, caí en cuenta de las muchas oportunidades en que habría podido disfrutar de komorebi pero, en el momento en que aquello ocurrió, mi mente estaba enfocada en la caminata, en el frío o el calor, en la compañía o la soledad, en el paisaje, en un ave, un árbol o planta, en el destino, o en cualquier otra cosa. Nunca, en realidad, me había percatado del komorebi. Y por eso tampoco lo había disfrutado. En esas oportunidades los “rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles” habían sido una porción prescindible de la realidad y a la que, por tanto, no era necesario prestar atención.

Para la cosmovisión japonesa no es así: Los “rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles” son importantes, merecen especial atención y, por tanto, una palabra. Komorebi. Decía que el descubrimiento de esa palabra me hizo recordar las veces que estuve expuesto a un desaprovechado komorebi. Y, como hacen muchos japoneses (porque en su lengua existe una palabra para tal experiencia), busqué experimentar komorebi.

...el sol puede contemplarse cuando se vela ligeramente; cuando por el contrario, arroja toda la violencia de su resplandor, se sustrae a la mirada, y por esta razón su luz es el velo de su luz.
-Avicena, Relato de Hayy ibn Yâqzan, cap. XXIII.

Komorebi es agradable, es poético, es profundo, es misterioso. Cuando uno aprecia komorebi todo lo demás pasa a un segundo plano. El espíritu adquiere otro ritmo; relaja ver komorebi en forma de haces de luz, cortinas de luz. Komorebi da la razón a Einstein: cuando uno contempla las partículas que danzan en medio de la luz, el tiempo parece estirarse. Está bien lo de con-templar, porque arropados por el komorebi, el espacio y sobre todo el tiempo se sacralizan.

Si cualquier ser humano puede percibir los “rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles”, ¿por qué solo el pueblo japonés tiene una palabra para ese fenómeno? Esto se debe a la particular cosmovisión del pueblo japonés, cosmovisión que se refleja en diversos aspectos de la cultura y la lengua japonesas.

Cosmovisión es la manera de ver e interpretar el mundo. Se trata del conjunto de creencias o principios que permiten analizar y reconocer la realidad a partir de la propia existencia. Puede hablarse de la cosmovisión de una persona, de una cultura, de una época, etc. El budismo zen ha jugado un rol muy importante en la religiosidad del pueblo japonés, ha brindado rasgos distintivos a la cosmovisión japonesa, pero también se ha filtrado en casi todos los ámbitos de la vida cotidiana.

La especial atención que el japonés concede al komorebi es el resultado de una particular relación con la naturaleza en la que su carácter cíclico, su carácter efímero y la búsqueda de la belleza en las cosas sencillas y humildes son algunos de los ejes fundamentales.

Como en toda visión, la luz es el actor principal en komorebi. Todo lo visto no es sino luz reflejada; en ausencia de ella, en oscuridad absoluta, nada sería visto. Komorebi nos permite ver la luz al ocultar parte de ella. Razón tenía el sabio árabe Avicena: solo las sombras del komorebi nos permiten ver la luz. Cuando komorebi nos oculta parte de la luz, vemos la luz. Komorebi nos ofrece un mosaico de luces y sombras; y solo en medio de las sombras, la luz, fundamento de todo lo visible, se hace visible.

Así también, lo verdaderamente valioso, lo máximamente inteligible, debe velarse para que el ser humano no sea deslumbrado. La vida es komorebi: luz, sombra; blanco, negro., Valore la sombra y vea la luz.

Cuando pueda, disfrute komorebi.

Autor: Carlos Kohatsu Yoshida