Desde la antigüedad los solsticios, tanto de verano como de invierno, llamaron la atención del hombre, los ciclos naturales que anunciaban los cambios estacionales eran de suma importancia para el ser humano, y distintas culturas trataban de explicar estos fenómenos a través de mitos y leyendas.

El analema es un fenómeno astrológico de gran belleza y significado, viene a colación puesto que el punto más alto y el mas bajo forman este gran símbolo del infinito en el firmamento, dejando una huella al pasar por cada estación.

El Analema y el Símbolo del Infinito

El analema cuya traducción del griego es, "pedestal de un reloj de sol", es la figura que se forma si observamos el sol durante todos los días en la misma hora y desde el mismo lugar, si hacemos un registro fotográfico de esta curva que deja el sol notaremos que se dibuja el número ocho o el símbolo del infinito.

Existen a su vez analemas lunares y otros que se forman en otros planetas del sistema solar, pero que al ser observados desde la tierra formas diferentes figuras, por ejemplo en marte el analema dibujado se asemeja a una gota de agua.

 Analema y el Símbolo del Infinito

El solsticio de invierno en el Hemisferio Norte sucede el 21 de Diciembre, son las noches más largas del año y coincide con la conmemoración de San Juan Evangelista, que se celebra el 27 de Diciembre.

Esta curiosidad natural viene a propósito de los solsticios, aquellos días donde el sol se encuentra en su punto más alto o más bajo dependiendo del lugar donde lo observemos, la noche más larga y el día más corto, la victoria del sol sobre la oscuridad, distintos conceptos metafísicos que se esconden detrás de fenómenos naturales y que nos conectan con nuestra espiritualidad.

En la India y en Persia, Mitra representaba la Luz (Dios solar), el bien y la Liberación de la materia. Lo llamaban Sol Invictus, es decir, Sol Vencedor. A partir del siglo II, el culto de Mitra era de los más importante del imperio romano y numerosos santuarios se erigieron en su honor. El nacimiento de Mitra se celebraba el 25 de diciembre. 

No cabe duda de que el hombre, desde su primera convivencia en sociedad, observó los fenómenos naturales y consideró a los astros como dioses, dándole sus debidos cultos y formando alegorías sobre su naturaleza, El Sol Invictus, renace a pesar de todo, después de una larga noche oscura donde gobiernan las tinieblas, un nuevo amanecer nos espera.