Frases y Pensamientos de Grandes Místicos

El pensamiento místico propone la existencia del alma, y la unión de esta con la divinidad, la parte de nuestra existencia que no puede ser definida ni reemplazada por los placeres materiales, no importa la religión o creencias que profesemos, las enseñanzas místicas abarcan cada corriente de pensamiento que surgió en nuestro planeta, desde el cristianismo hasta el budismo, los islámicos y el sufismo, los judíos con la cabala.

En esta oportunidad hacemos una pequeña lista con frases y reflexiones de místicos mundialmente conocidos. Este tipo de pensamiento elevan nuestra conciencia y nos conectan con nuestro lado espiritual, el cual por diversos motivos se encuentra en ocasiones dormido.

Un poeta místico escribió:

De niño, me dijeron, y yo lo creí, que había un tesoro enterrado debajo de cada arco iris. Lo creía con tanta fe que he estado persiguiendo arco iris sin éxito alguno la mayor parte de mi vida. ¡Me pregunto por qué nadie me dijo que el arco iris y el tesoro estaban los dos dentro de mí!

Enseñanza de Buddha a su hijo:

-El Buddha: ¿Para qué sirve un espejo, Rahula?
-Rahula: ¡Para mirarte, padre!
-El Buddha: Entonces tienes que mirarte, mirarte y mirarte.
-¿Qué estás pensando? ¿Qué estás diciendo? ¿Qué estás haciendo? Y gradualmente te irás elevando, hasta ser un buen ser humano.

Agustín de Hipona, conocido también como San Agustín, nos deja esta reflexión:

Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.

El célebre poeta místico Rumi, deja esta enseñanza:

Si la luz del amor ha penetrado en este corazón, sabe que también hay amor en aquel corazón.
Cuando el amor a Dios agita tu corazón, también Dios tiene amor para ti.
Sin la otra mano, ningún ruido de palmoteo sale de una sola mano.
La sabiduría Divina es destino y su decreto nos hace amarnos el uno al otro.
Por eso está ordenado que cada parte del mundo se una con su consorte.
El sabio dice: Cielo es hombre, y Tierra es mujer.

Cuando la Tierra no tiene calor, el Cielo se lo manda; cuando pierde su frescor y su rocío, el Cielo se lo devuelve.
El cielo hace su ronda, como un marido que trabaja por su mujer.
Y la Tierra se ocupa del gobierno de su casa: cuida de los nacimientos y amamanta lo que pare.

Mira a la Tierra y al Cielo, tienen inteligencia, pues hacen el trabajo de seres inteligentes.
Si esos dos no gustaran placer el uno del otro, ¿ porqué habrían de andar juntos como novios?
Sin la Tierra, ¿despuntarían las flores, echarían flores los árboles?¿Qué entonces producirían el calor y el agua del Cielo?

Así como Dios puso el deseo en el hombre y en la mujer para que el mundo fuera preservado por su unión. Así en cada parte de la existencia planteó el deseo de la otra parte. Día y noche son enemigos afuera; pero sirven ambos un único fin.

Una breve historia que puede resumir el pensamiento místico:

En cierta ocasión, hablando precisamente de Dios, le preguntó un escéptico a un filósofo:
–¿Cómo puede hablar de Dios, de mística, del Alma, si no ha visto nada de estas “cosas”?
Contestó el filósofo:
–¿Usted ha estado en China?
–No –dijo el escéptico.

–Entonces –preguntó el filósofo–, ¿cómo cree en China si nunca la ha visto?
El escéptico contestó raudo:
–Porque existen libros que hablan de China, fotos, mapas, que explican cómo es y cómo llegar a ella.
–Del mismo modo –replicó el filósofo–, grandes místicos como Jesús, Santa Teresa, San Francisco de Asís, Sankarachaya, Buddha, Hermes, Pitágoras, Plotino… nos han dejado los mapas con las indicaciones para llegar a Dios.

Obras como el Libro Tibetano de los Muertos, o el de la Oculta Morada egipcio, el Apocalipsis de San Juan, el Corán o la Biblia, son mapas que conducen al Tesoro Escondido, mapas que no nos dicen donde está Lisboa ni China, pero que nos indican el camino que debe seguir el Alma para encontrar su Patria Celeste.

About Alexander Barranca

“Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”. --Diógenes de Sìnope